sábado, 20 de octubre de 2007

El disfraz de marimonda

Uno de los disfraces más típicos, del carnaval de Barranquilla, es el de “marimonda”, creado por un barranquillero, que al no tener dinero para disfrazarse, se le ocurrió vestirse con un saco y un pantalón viejos, puestos al revés y, de careta, un costal de harina al que le abrió tres agujeros, para burlarse del resto de sus conciudadanos.

El disfraz, actualmente consiste en un pantalón, camisa manga larga, corbata, saco o chaleco, y una careta hecha con una especie de bolsa de tela con tres huecos, bordeados con tubos rellenos de tela, una nariz muy larga, semejante a un miembro viril, y unas orejas parecidas a las de los elefantes, con figuras de colores.

Este disfraz debe ir siempre acompañado de un pito de caucho, conocido como “pea pea”, cuyo sonido destemplado sirve para expresar el derroche y la alegría de quien se disfraza de marimonda.

Muy conocido es el dicho barranquillero: "no es nada el disfraz de marimonda, sino los brincos que hay que dar".

En el siguiente vídeo se ve claramente como es el disfráz...

domingo, 14 de octubre de 2007

La mordida más poderosa del reino animal

Según una reciente investigación, los 10 animales más mortíferos son el mosquito, la cobra asiática, la labox jellyfish australiana, también conocida como avispa de mar, el gran tiburón blanco, el león africano, el cocodrilo australiano de agua salada, el elefante, el oso polar, el búfalo africano y la rana del dardo venenoso. De todos estos animales, uno de los más terribles y sanguinarios es el cocodrilo marino, también conocido como cocodrilo poroso o cocodrilo de agua salada.

El cocodrilo marino es el más grande y feroz de todas las especies de cocodrilos que existen en la actualidad. Es tan grande, que puede llegar a pesar los 1,500 kg., y medir hasta 7 metros. Además, es extremadamente ágil. Puede avanzar en el agua, con un solo impulso de su cola, hasta 4 metros, y nadar a una velocidad de 43 km/h. Es más rápido que los propios delfines.

Por lo general viven en las zonas cercanas a la costa, en los ríos, lagos, pantanos y estuarios del oeste de la India, Sri Lanka, Bangladesh, sur de Indochina, Malasia, Filipinas, Indonesia, Nueva Guinea y el norte de Australia. Es un excelente nadador que frecuentemente se adentra en el mar para conseguir su alimento o emigrar a otros lugares, llegando a ser visto a más de mil kilómetros de la tierra más cercana. Prefieren dejarse llevar por la corriente en vez de nadar. Y en estos mares, son tan terribles como los tiburones.

El cocodrilo marino tiene la mordida más poderosa del reino animal. Al cerrar sus mandíbulas, provistas de 66 dientes, ejerce una presión de 1770 kg. Su alimentación incluye mamíferos grandes; como búfalos y personas. Se calcula que unas mil personas mueren cada año a causa de estos depredadores. Es famosa la gran matanza de 1945 ocurrida en la isla Ramree (Birmania), en la que los cocodrilos marinos mataron y devoraron a casi 1.000 soldados de ocupación japoneses en una sola noche, cuando atravesaban una zona pantanosa para escapar de las tropas británicas.

Restos humanos recuperados del interior de un cocodrilo marino, en Sumatra.

domingo, 7 de octubre de 2007

El Santiago Bernabeu

En Barranquilla tenemos el estadio más espectacular de toda Colombia, el “Metropolitano”, pero aunque duela reconocerlo, no le llega ni por las rodillas al estadio del Real Madrid, el “Santiago Bernabeu”. El terreno sobre el que está construido este último, no obstante parezca mentira, ocupa menos espacio que el antiguo estadio municipal “Romelio Martínez”. Eso sí, a pesar de todas las reformas del Bernabeu, que lo convierten en uno de los estadios más modernos y lujosos del mundo, las cuatro plantas de sus tribunas, que por cierto acogen en cada jornada a cerca de 100.000 espectadores, jamás han ido a parar a los almacenes Ley de la calle 72.

sábado, 6 de octubre de 2007

Origen del apellido Baena

Una de las cosas que siempre me han intrigado es el saber cuales son mis orígenes. Eso se torna por demás difícil cuando el primer apellido es demasiado común. Pero con respecto a mis otros apellidos afortunadamente la cosa cambia, ya que tanto el apellido Manotas, del cual escribiré abundantemente dentro de poco, como el apellido Baena, dan la posibilidad de poder investigar un poco más allá de las raíces americanas.

Respecto al apellido Baena puedo decir que es de origen andaluz. “La casa del apellido Baena, muy antigua y distinguida en la ciudad de Córdoba, tomó su apellido de la villa de Baena, de la cual fueron los conquistadores. Estos caballeros que tomaron el nombre de Baena, venían luchando contra los moros desde épocas muy tempranas. Tal nombre viene del año 1.240, cuando la restauró de los moros el rey don Fernando III, aunque muy pronto se fue extendiendo por otros puntos de la Península. Así, en la coronación del rey don Alfonso XI, celebrada en Burgos en 1.330, entre las personas que, por su nobleza, fueron señaladas para recibir la Orden de la Banda, una de estas era don Gonzalo Rodríguez de Baena, hijo de Fernán Rodríguez de Baena, como se puede leer en la crónica de dicho rey. Mientras algunos descendientes de esta familia, se aposentaban en la villa de Baena para ejercer los más altos cargos civiles, otros prefirieron dedicar su esfuerzo a las armas y continuar luchando, primero contra los moros y después en cuantas guerras se vio envuelta España. De este modo hay constancia de un caballero de la citada familia llamado Juan de Baena, que estuvo entre las huestes de Gonzalo Fernández de Córdoba, llamado el "Gran Capitán", en las campas bélicas que este llevo a efecto en Italia.

Hay también constancia de que otros miembros de este apellido, lucharon en Flandes bajo las banderas del duque de Alba y otros pasaron el océano para establecerse en el Nuevo Mundo, donde llegaron cuando ya las últimas convulsiones de la conquista estaban ocurriendo. De todos modos todavía llegaron a tiempo de participar en alguna que otra hazaña bélica. Una rama, acaso la primogénita de ella, se estableció en Córdoba, donde fundó mayorazgo y, por algunas generaciones, ejercieron varios de sus caballeros como jurados del Ayuntamiento de dicha ciudad”.

Escudo de Armas

ARBOL GENEALOGICO APELLIDO BAENA (Barranquilla)

EUGENIO BAENA se casó con CONCEPCION BLONDA. Hijo de Antonio Baena, quien fue de los constituyentes de Ocaña, en el año 1828. Eugenio Baena fue Embajador de Colombia ante la Santa Sede. Fue uno de los que firmó el Concordato entre Colombia y el Vaticano, fue además, Presidente del Estado Soberano de Bolívar y Senador de la República de Colombia.
De la unión nacieron tres hijos: uno se quedó en Cartagena y otro se fue para lo que hoy es el Departamento de Caldas y el tercero se fue para Barranquilla y se llamó EUGENIO BAENA BLONDA.
EUGENIO BAENA BLONDA se casó con LUCILA MORENO CONSUEGRA y tuvieron los siguientes hijos: EUGENIO, Antonio, Héctor, Francisco, Fernando, Amira y Lucila.
EUGENIO BAENA MORENO
se casó con DOLORES MANOTAS MOVILLA (De Sabanalarga) y tuvieron los siguientes hijos LUCILA (Luchi), Ana Cecilia, Emilia, Elisa, Dolores (Lola), Hortencia, Ofelia y Eugenio.
LUCILA BAENA MANOTAS se casó con HECTOR MARTINEZ SERPA y tuvieron los siguientes hijos: Mercedes, Elvira, Josefina y Héctor.
Mercedes - Oscar Senior Lopez-Penha: Oswaldo, Oscar Augusto, Olga, Luz Stella (lucy) y Jorge Enrique.
Elvira - Ricardo Correa: Giselle Elvira, Vilma, Ricardo, Alberto y Maira.
Josefina - Francisco Diaz Sanin: Francisco y Jorge.
Héctor - Fanny Manotas Martínez: Fanny Cecilia, Rodolfo. Katia, Héctor Rafael, Luis Miguel y Mónica Luz.
ANA CECILIA BAENA MANOTAS se casó con MARCO TULIO MARTINEZ SERPA y tuvieron los siguientes hijos: Augusto (Tuto), Luis Ricardo (Riche), Eduardo y Ana Mercedes (Muñe).
Augusto (TUTO)- Bertha Gómez: Augusto Enrique, Sonia, Alberto, Miguel y Martha.
Eduardo- Maruja Puccini: Eduardo, Magdalena Sofía, Fernando, Enrique, Beatriz Emilia y Maria Virginia.
Ana Mercedes (MUÑE)- Jaime Romero: María Margaríta (Maita), Jaime José (JJ), Emma Cecilia y Luz Marina.
EMILIA BAENA MANOTAS se casó con Luis Eduardo Manotas Llinas: Carolina y Margarita.
EUGENIO BAENA MANOTAS, se casó con Lilia Senior Lopez-penha: Lilia (Piti), Fernando y Eugenio.
Los otros hijos de Eugenio Baena Blonda se casaron así:

Antonio - Carmen De la Espriella: ( Guillermo, Carmen Lucila, Belen y Emelina).
Héctor - Isabel Palacio: ( Isabel, Héctor, Ernesto, Enrique, Margarita, Beatriz, Alberto y Elvira).
Francisco (dos matrimonios) No. 1) Rita Lavalle: (Luis Carlos, Roberto, José Manuel, Augusto, Dilia y Rita.; No. 2) Helena Obando: (Margarita y Jorge).
Fernando - Carolina Pecci: no tuvieron hijos.
Amira - Prospero Carbonell: (Abel, Antonio Luis, Pablo, Armando, Eugenio, Lucila y Amira.

La información del árbol genealógico me fue suministrada por mi tía abuela, Lola Baena Manotas.

http://www.juanalfonsodebaena.org/ACTAS%20SERRANO.htm

sábado, 29 de septiembre de 2007

Como crear archivos de vídeo para mpeg-4 iPod

Para aquellos amantes de la tecnología, que posean dispositivos móviles en los que pueden disfrutar de sus vídeos o películas, la solución más fácil para crear sus propios archivos es usar un programa de edición de vídeos, sencillo pero eficiente. Yo por ejemplo uso y recomiendo el Ulead VideoStudio, que es un potente programa de edición de vídeo, con el que puedo crear fácilmente mis archivos de vídeo.

El programa, en su versiones 10 y 11, es compatible con formatos ntsc vcd, pal vcd, mpeg-1, mpeg-2, DV type 1 y 2, avi, mpeg-4 iPod, mpeg-4 psp, mpeg-4 pda/pmp, mpeg-4 mobile phone, etc. Es la herramienta adecuada para sacarle provecho a los dispositivos móviles. No se necesita tener mucho conocimiento de edición de vídeo para usarlo. Además, si ya tenemos una película, por ejemplo en formato AVI y queremos verla en nuestro mp4, basta con tomar el archivo completo y transformarlo en el formato que necesitemos.

sábado, 22 de septiembre de 2007

Stop a la pedofilia

Navegando por Internet descubrí la página: www.stop-pedofilia.org , en la que tratan a fondo uno de los mayores crímenes que pueden existir. Me he tomado el atrevimiento de copiar textualmente de esa web algunos apartes, ya que creo que es mi deber como padre estar muy pendiente no sólo de mis hijos, sino también, de los hijos ajenos.

“Cada día que pasa, un número creciente de niños de todo el mundo son objeto de explotación y abusos sexuales. Es preciso poner fin a este fenómeno mediante una acción concertada a todos los niveles, local, nacional e internacional."

"La sociedad civil desempeña también un papel esencial en la prevención y la protección de los niños frente a la explotación sexual comercial. Por esta razón resulta imperativo la construcción de una sólida asociación entre los gobiernos, las organizaciones internacionales y todos los sectores sociales para contrarrestar tal explotación."

"El acceso a Internet ha abierto nuevos canales de información para aquellos que buscan relaciones sexuales con niños (...) Por el momento la única intervención disponible para los defensores de la ley parece ser la vía de los proveedores de servicios, que pueden rehusar la venta de espacio a cualquiera que se conozca que va a proporcionar materiales sexuales infantiles."

“La explotación sexual comercial de los niños es una violación fundamental de los derechos del niño. Ésta comprende el abuso sexual por parte de adultos y la remuneración en metálico o en especie al niño o niña o a una tercera persona o varias. El niño es tratado como un objeto sexual y una mercancía. La explotación sexual comercial de los niños constituye una forma de coerción y violencia contra los niños que puede implicar el trabajo forzoso y formas contemporáneas de esclavitud".

"La pornografía infantil es la reproducción sexualmente explícita de la imagen de un niño o niña. Se trata, en sí misma de una forma de explotación sexual de los niños. Estimular, engañar o forzar a los niños a posar en fotografías o participar en videos pornográficos es ultrajante y supone un menosprecio de la dignidad y autoestima de los niños. Esto significa que el cuerpo de un niño o niña carece de valor y les demuestra que su cuerpo está a la venta".

"Los niños son desposeídos de su infancia. Los niños pierden la confianza en los demás, particularmente en los adultos, y se quedan a merced de otros tipos de explotación. Pierden la autoestima y la dignidad y pueden desarrollar toda una gama de síntomas de tensiones postraumáticas tales como la depresión, la agresión y la violencia, pérdida de autocontrol e inclinación a la automutilación. Frecuentemente sus vidas terminan en suicidio".

"Es realmente difícil lograr una aplicación efectiva de las leyes contra una actividad encubierta. Pero las leyes deben ser aplicadas. Son la protección final de los niños y hasta ahora no se ha hecho lo suficiente para promulgar leyes realmente eficaces o para aplicarlas cuando ya están en vigor".

Por todo esto, los insto a que denunciemos, ante las autoridades policiales -http://www.gdt.guardiacivil.es-, las páginas web que promulguen la pornografía infantil y los abusos sobre los menores.

domingo, 16 de septiembre de 2007

Como podemos ver bien nuestros archivos de vídeo

En algunas ocasiones hemos tenido problemas para poder ver o escuchar bien algún vídeo que descargamos a través de Internet. Generalmente, cuando se trata de la reproducción de vídeos de tipo MPEG, AVI -DivX, XviD-, y no tenemos los codecs adecuados, surge el inconveniente de que no podemos verlos correctamente.

Es bueno tener en cuenta que, aunque a todos nos parezcan iguales, existe una enorme cantidad de formatos de vídeo. Desafortunadamente, el sistema operativo Windows reconoce sólo unos cuantos formatos, por lo que si los queremos visualizar bien, es preciso que instalemos los codecs que se necesitan para cada formato.

A fin de no complicarse, lo mejor es instalar un programa, que trae un paquete completo de codecs, para poder disfrutar bien de nuestros archivos. En este caso, lo mejor es bajarse el K-Lite Mega Codec Pack, que podemos obtener de manera gratuita en: http://www.softonic.com/ o en http://home.hccnet.nl/h.edskes/mirror.htm.

Si el sistema Windows está recién instalado y hasta ahora no has instalado ningún otro reproductor multimedia o paquete de codecs nuevo, puedes continuar adelante. Pero, si se ha instalado algún codec suelto o reproductor, lo mejor es desinstalarlo antes de seguir adelante. Para ello debes ir a Panel de Control y allí cliquea sobre el icono de “agregar o quitar programas”. En la lista que sale busca los codecs Divx, Xvid, etc., o reproductores de vídeo que hayas instalado (No vayas a cometer el error borrar el reproductor de Windows Media). De esta manera, Windows quedará sin codecs que puedan producirnos incompatibilidades.

Si no se es experto, y a fin de no complicarse, lo mejor es instalar el paquete del K-lite Mega Codec Pack con la configuración que trae por defecto.

Una vez terminada la instalación, no se debería tener problema con la reproducción de vídeos en nuestro computador. Sin embargo, puede suceder que todavía algún formato de vídeo siga sin poder ejecutarse como debería. En ese caso, existe un programa llamado GSpot, que podemos descargar desde http://www.headbands.com/gspot/ . Seleccionando el archivo de vídeo que nos está dando problemas, dicho programa nos permite saber que tipo formato de vídeo y de audio que utiliza.

viernes, 24 de agosto de 2007

Matrimonio de Rafael De Lavalle

En Miami-Fort Lauderdale, se caso mi gran amigo Rafael De Lavalle. Me hubiera gustado poder acompañarlo en la ceremonia y, por supuesto, en la fiesta que se llevó a cabo con posterioridad. Desafortunadamente, en estos momentos nos separa un gran océano. Si Dios quiere, ya tendré la ocasión de poder felicitarlo personalmente y de conocer a su nueva esposa Marilu Yanes.





Si quieren ver más fotos, les recomiendo que visiten

http://share.shutterfly.com/action/welcome?sid=0BZtXDlo1ZsXNg

domingo, 19 de agosto de 2007

Retoque fotográfico

Hace algún tiempo me enviaron la foto de mi bisabuela doña María del Carmen Del Castillo, a quién pude conocer cuando era muy niño e íbamos a visitarla a Sabanalarga, y que murió a los noventa y seis años. También recibí una fotografía del abuelo de mi esposa don Secondo Pezzano, italiano, originario de Scalea, en la provincia de Cozensa, que murió hace unos pocos años. Las fotos estaban en tal mal estado que decidí intentar repararlas.


domingo, 5 de agosto de 2007

Recetas de cocina italiana

A los amantes de la comida italiana, hoy les añadí un nuevo enlace que estoy seguro que van a aprovechar - http://ricette.cucina.it/ -. También agregué un enlace a un traductor de idiomas, para que los que no entiendan el italiano puedan disfrutar de tan suculentos platos.

domingo, 29 de julio de 2007

De turismo por Cuenca

La semana pasada fuimos a conocer Cuenca. Como una imágen dice más que mil palabras, adjunto fotos de nuestra visita.


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sábado, 7 de julio de 2007

POSTRE DE TRES LECHES

Una de las cosas que descubrí desde que era niño fue mi gusto desmesurado por todo lo que fuera dulce. En una sentada me podía tomar una lata grande de leche condensada, una tasa de leche en polvo Klim revuelta con azúcar Manuelita, o de Milo con azúcar, o varios bocadillos Veleños, o una lata de arequipe, o media bolsa de Colombinas de tres colores, las más ricas eran las blancas con amarillo y morado, e infinidad de dulces y postres. Al día de hoy, mi gusto por el dulce no ha decaído, pero obviamente me ha tocado dejar de consumirlo, para evitar problemas de salud. No obstante, de vez en cuando peco un poco y me doy un gusto, como por ejemplo, me preparo un postre de tres leches, del cual puedo decir que es el rey de los postres y, según he podido descubrir, al igual que la arepa de huevo, es made in Colombia. Como yo no soy egoísta, comparto una receta de ese postre, receta que por cierto en algún momento alguien me envió, y sabe espectacular.

POSTRE DE TRES LECHES

Ingredientes:

4 huevos (separando las claras de las yemas)

1 taza de azúcar

2 tazas de harina de trigo

½ taza de leche

3 cucharadita de polvo de hornear

1 cucharadita de vainilla

Engrasar el pirex

Procedimiento: batir las claras de huevo a punto de nieve. Agregar poco a poco
el azúcar y las yemas. Cernir la harina con el polvo de hornear y
agregarlo a la mezcla anterior, intercalándolo con leche, seguir batiendo. Añadir
la vainilla y se termina de batir. Engrasar un pyrex grande colocar la mezcla. Hornear durante más o menos 30 minutos, a 175º, hasta que la
el bizcocho esté crecido y dorado.

Ingredientes de la Crema:

1 lata de leche condensada

1 lata de leche evaporada

1 taza de crema de leche dulce

Procedimiento: licuar todas las leches. Cuando aun esté caliente agujerear el bizcocho por todos lados, de manera que quede como un colador, teniendo cuidado de no destrozarlo. Agregar entonces la crema.

Ingredientes Merengue:

4 claras de huevo

1 taza de agua

2 tazas de azúcar

1 cucharadita de vainilla

Procedimiento: poner al fuego el agua con el azúcar hasta que al meter un cuchillo la gotita que queda en la punta al caer forme un hilo (punto de hilo), es importante no mover esta miel.

Mientras el azúcar y el agua alcanzan el punto deseado, se baten las claras de huevo hasta que estén a punto de nieve. Una vez la miel esté lista, se agrega a las claras levantadas. Sin dejar de batir, el merengue se pondrá un poco más firme, agregar entonces la vainilla. Batir por quince segundos más. Decorar. Puede usar confituras y cerezas rojas en miel.

Una vez esté preparado se mete en la nevera y se deja durante un día, para que absorba bien la crema y coja un sabor exquisito.

sábado, 5 de mayo de 2007

Tremendo Bochinche

Una de las cosas que más nos sorprenden a los extranjeros residentes en España, a las que poco a poco nos estamos acostumbrados, es a escuchar que se nos diga que hablamos español antiguo, para justificar el mal uso que se le da a una lengua que parlamos aproximadamente cuatrocientos millones de personas.

En días pasados se habló de salvar algunas palabras porque supuestamente ya no se usan. Al respecto, me referiré en particular a la palabra “Bochinche”, término que es usado y conocido por los siete millones de personas que hemos nacido en la costa caribe colombiana, y que usamos en nuestro lenguaje común, para referirnos a personas escandalosas, chismosas, alborotadoras y alharaqueras, a las que les gusta armar la bullaranga por cualquier motivo. Es así como nos referimos a una señora que pelea a voz en cuello como una vieja bochinchera; cuando se arma una pelotera entre varias personas, es porque ser armó el bochinche; y, cuando los medios de comunicación se refieren a un monotema como el de la detención de una cantante española muy famosa, decimos: tremendo bochinche el que han creado, como si no hubiera cosas verdaderamente más importantes sobre las que tratar.

domingo, 25 de febrero de 2007

Navidades en Sahagún

Para la gente de la costa caribe colombiana, la navidad es la mejor época del año. Cuando llega, el tiempo y el ambiente cambian, el cielo se despeja y las temperaturas se tornan agradables para darle paso a las grandes fiestas. En donde más se nota ese cambio es en los pueblos de nuestro caribe colombiano, porque es en esta época cuando los que se han ido a estudiar o a trabajar, a la capital del país o a las grandes ciudades, regresan, y con ellos prácticamente se duplica la población de cada pueblo trayendo, en sus maletas o cajas de cartón, la alegría a aquellos que permanecen esperándolos todo el año.

Yo nací en Barranquilla, una ciudad que vive todo el año en función del carnaval, la fiesta más grande y espectacular de toda Colombia, pero doy gracias a Dios por la oportunidad que me dio de poder disfrutar, cuando era aun joven y soltero, varias navidades en Sahagún, bello y pujante municipio del departamento de Córdoba.

A Sahagún llegué por primera vez un 20 diciembre de hace tantos años, que ahora parecen milenios, Me invitó mi amigo Jorge Arrieta, a quien tuve la fortuna de conocer cuando durante una temporada estuve estudiando y trabajando en Bogotá.

Debo reconocer que fue Jorge el que me obligó a ser su amigo, era el día 23 de diciembre, durante la fiesta de navidad que se celebraba en la Superintendencia de Sociedades, entidad pública para la que ambos trabajamos. Jorge me abrió los ojos respecto a los aviones que me lanzaba una compañera de trabajo y, según él, yo como buen cacorro ni siquiera los veía pasar. Recuerdo que me dijo: - compa, todo el mundo se ha dado cuenta que esa vieja está de tras de ti: -primero me dices que no fumas, después te brindo un trago y dices que tampoco tomas, ¿entonces tu nada de ñongo ñongo? ¿Eche, acaso eres polillón?, ¡nojoda!-. ¡Alto ahí! -le respondí-, porque yo soy el “chacho” y de polilla nada, fumo cuando me da la gana y mi primer trago me lo tomé cuando tenía quince años, así que a mi no me vienes tu con esas vainas, porque te vas a ganar tu botinera. En vez de arrugarse, en tono medio burlón me contestó: -conque el “chacho de la película”, el teso y todo, eso es será en tu tierra porque aquí tienes que demostrarlo-. La verdad es que me desarmó, así que le comenté: –lo que pasa es que hoy no quiero tomar, porque esta fiesta me parece una mierda, estos cachacos no saben bailar y la música que ponen no se parece en nada a la de mi tierra. Y, respecto a esa cachaca, yo si me he pillado el vuelo que lleva, pero tú no me vas a negar que es un babillón, así que yo paso, si a ti te parece un bollo te la cedo, es toda tuya, que yo ya le tengo el ojo puesto a otra, ¡echa esa botella para acá, ahora vamos ver quien aguanta más!-. En realidad, no quería reconocer que la cachaca me gustaba, pero como buen tonto con prejuicios, en mi mente resonaba una canción con la que me vacilaban en mi casa desde pequeño: “ahí va chacho con su coche y lleva una cachaca…”. Bebimos hasta que nos zumbó el cacho, y hablamos de nuestra gente y nuestras costumbres. Desde entonces, y durante el tiempo que viví en Bogotá, nos volvimos amigos inseparables, dando lugar a una amistad que ha perdurado por más de 20 años.

Sacamos de esa aburrida fiesta a dos cachacas para irnos a una discoteca. Yo tenía un filo que me comía lo primero que tuviera por delante, así que en el camino propuse que paráramos a comer algo, pero el vergajo exclamó: -¡Un hombre responsable no se tira la plata del ron en comida, además, deja la cacorrada porque si nos detenemos lo único que lograras será distraer a las pelas. Vamos a lo que vamos y después que venga lo que sea!-. Cuando despuntaban los primeros rayos de sol del día siguiente y después de despedirnos de las cachacas, paramos en el “Desayunadero de la 42”, allí le pedí al mesero que me dijera lo mejor que tenían para desayunar, y el cachaquito me contestó: -caldo de cabezas de gallina, sopa levanta muerto y changua-, y mi amigo dijo: -nada de eso, para desayunar no hay nada mejor que un par de frías, así que tráenos dos cervezas “águila” y que estén bien frías-. Mientras nos sacábamos el guayabo Jorge me dijo: -te invito el año entrante para que conozcas a mi familia, te pases navidades en Sahagún y sepas lo que son unas fiestas de verdad-. Lo que parecía en un principio, las palabras que saltan al saco roto del olvido, entre dos que estaban bien borrachos, se volvió realidad un año después.

El 20 de diciembre, bien temprano, me encaramé en un bus de Brasilia y recorrí los cuatrocientos kilómetros más eternos de mi vida. El chofer del bus paró en todos los pueblos que había en el camino. Cuando íbamos por El Carmen de Bolívar, tierra de mis ancestros paternos, estuve a punto de bajarme y devolverme para Barranquilla, pero ya estaba en mitad de camino, así que daba la misma cosa seguir que devolverme. Por la tarde, tres horas más tarde de lo que había calculado, llegué por fin a Sahagún.

En la estación me esperaba Jorge en compañía de dos de sus hermanos, Germán y Rafael, y sus amigos Carlitos Ortega y Freddy Meléndez. Nos fuimos directo para su casa, en donde nos aguardaban más de treinta personas, todos ellos pertenecientes a la familia Arrieta, a quienes me tocó saludar y abrazar uno por uno. Me sentía muy incomodo, porque yo nunca había sido expresivo, pero no tuve más remedio que abrir esa puerta del alma que siempre tenía bien amarrada entre las tinieblas de mis entrañas.

Más incomodo me sentí aun cuando me enteré que aquel enorme grupo dormía en la misma casa, vivienda que por cierto tenía cuatro dormitorios, además de la sala y el comedor, y yo no veía cama pa’ tanta gente. Jorge, se la pilló y me dijo, de la dormida no te preocupes, que aquí lo que hay es un bulto de catres y hamacas, y tú ya tienes guindada tu hamaca, así que estate tranquilo.

La casa, era una vivienda antigua, de principios del siglo XX, estaba ubicada en una esquina de la cuadra, y tenía puertas en cada una de los cuartos que daban a la calle, y todas permanecían abiertas de par en par desde muy temprano, hasta bien entrada la noche. La puerta principal, quedaba ubicada en todo el ángulo de la esquina y nunca la cerraban con llave. Era la única manera de que, cuando alguien llegara, no tuviera nadie que levantarse para abrirle. Las paredes eran altas, quizá por encima de los tres metros y el techo estaba cubierto por unas tejas de cinc oxidadas. La temperatura interior era fresca y agradable. Estar allí era como volver a los días de mi niñez, cuando visitábamos la casa de mi bisabuela Carmela Del Castillo, en Sabanalarga. En el patio había un baño que no tenía techo y un hermoso y gigantesco quiosco de palma amarga y, debajo de este, entre horcón y horcón tenían instaladas varias hamacas, en donde generalmente dormíamos o reposábamos un rato. Por primera vez en mi vida dormí al aire libre y supe lo que era disfrutar verdaderamente de una hamaca.

Una vez instalado, salí a la puerta para observar los alrededores y desde la esquina de enfrente unas “pelas” gritaron: -¿Jorge, que pasa que no lo presentas?-. Yo por picármelas del “chacho” les contesté: -yo no necesito que nadie me presente, ya mismo voy y nos conocemos-. Al bajar el escalón del sardinel, no medí bien la distancia, y caí como papaya madura, espaturrao en medio de la calle, no hubo una sola persona que no se riera de mí, y mientras tanto yo: -trágame tierra-.

Desde ese primer día y durante los siguientes, siempre nos íbamos de parranda, que además empezaban desde muy temprano y terminaban porque había que dormir aunque fuera unas pocas horas para seguir con la siguiente. Casi a diario nos sacábamos el guayabo en un Bar al que le decían “ron mecío”, porque en vez de sillas o taburetes, tenía mecedoras y siempre las cervezas estaban bien frías. Se podrán imaginar la amañada que se le pega a uno cuando está bebiendo en una mecedora, y la mareada tan tesa que da cuando te levantas así sea para echar una meada. El Bar quebró porque los dueños eran los primeros que se emborrachaban y, finalmente, regalaban todas las rondas.

Cuando no estábamos emparrandados, nos íbamos para la plaza del pueblo. El corto trayecto que había entre la casa de Jorge y la plaza, lo hacíamos en dos o tres horas, porque parábamos a saludar y tomar algo, en prácticamente cada una de las viviendas que había en el camino, de manera que, cuando por fin llegábamos a la plaza, ya teníamos entre pecho y espalda más de media canillona de ron encima y estábamos por regresar.

El 24 de diciembre, como a eso de las seis de la tarde, cerraron la calle entre la esquina de la casa de Jorge y la esquina de la casa de Carlitos Ortega, y en los frentes de todas las casas de la cuadra pusieron mesas, butacas y taburetes, y comenzó a llegar cada vez más gente. Se parecía en algo a las verbenas populares de mi tierra, con la única diferencia de que en Sahagún la entrada era gratuita, el único requisito era disfrutar sin armar problemas. Entonces mi amigo me dijo: - Hoy vas a saber lo que es un 24 de verdad, come bien y prepárate para disfrutar del fandango-. A eso de las ocho de la noche llegó una banda con una cantidad de integrantes e instrumentos, que parecían como 5 bandas papayeras juntas, y la gente se alborotó y comenzó a bailar al son de canciones, muchas de las cuales conocía pero, que nunca me habían sonado tan bien como ese día. Y cuando la banda descansaba, Germán Arrieta, a puro pulmón entonaba, con un grupo de amigos que tenían un conjuntico vallenato, las canciones de Alejo Duran y de los “Hermanos Zuleta”. Lo hacía tan bien, que pienso que en vez de hacerse odontólogo, ha debido meterse a cantante profesional. Como sea, el fandango duró hasta el amanecer. Al final, nos quedamos unos pocos, que amanecimos echando cuentos y corrigiendo el mundo.

El día 25, a las once de la mañana, nos fuimos para la finca de la familia de Carlitos Ortega, en donde nos estaba esperando una olla de sancocho, más mamayua, que las calderetas en las que cocinan el arroz de un batallón del ejercito, y de picadas comimos carnero asado, y bailamos y bebimos y comimos, como si el fandango de la noche anterior ni siquiera hubiera celebrado. Jorge, para entonces, tenía la novia de la temporada, una pelada a la que apodamos la kirica, porque era chiquitica y culona como las gallinas de patio llamadas kiricas. La noche anterior yo había martillado con su vecina, pero cuando se me pasó la pea, no quise saber más nada de ella, de ahí que me dijeran que después de matar al tigre, le salí huyendo al cuero. Lo cierto es que, esa misma noche, le había echado el ojo a una novia de Germán, de apellido Bula, y todo el tiempo estaba pendiente de ella y, desde entonces, hasta cuando regresé a Barranquilla, estuve con las ganas de tropezarme con ella a solas, cosa que jamás sucedió, porque en medio de tanta gente es difícil hacerle el cajón a otro. Pero, yo era así y seguí siéndolo hasta la tarde de precarnaval en que conocí la hermosa mujer que se convirtió en mi esposa: “siempre me parecía más verde y bonito el pasto de la finca vecina”.

Y así pasaron los días, de fiesta en fiesta y de parranda en parranda, hasta que el 31 otra vez cerraron la calle y armaron otro fandango y, a las doce en punto, cuando comenzó el nuevo año, la algarabía de besos y abrazos era general, todo el mundo de manera efusiva se saludaba y abrazaba, hasta yo, que era más acartonado que cachaco recién desempacado, me uní a la feria de besos y abrazos, dándole el feliz año a conocidos y extraños, era como uno más de los nativos de Sahagún. Al amanecer, imitando a Germán, canté por primera vez “El Compae Chemo”, y la parranda siguió hasta lo que nos dio la voz, y nos aguantaron las ganas de comer.

En los primero días de enero fuimos a las Corralejas de Sampués. Se trataba de una construcción fabricada a mano, en la que se usaban muchos palos y maderas que habían sido utilizados en innumerables fiestas de toros, con millones de huecos hechos por los clavos, que testimoniaban su multiuso, y un ruedo de más de doscientos metros de diámetro, en el que exponían su vida por unas minucias los "toreros", que utilizaban, para demostrar sus virtudes, pedazos de sábanas, paraguas, cartones o cualquier trapo que les sirviera para mantear, y por primera vez en mi vida vi, con desagrado, como un toro embestía y hería a un ser humano, mientras la gradería gritaba delirante, al son de una Banda, por el espectáculo que daban aquellos pobre infelices. Lo visto aquella tarde me sirvió de auto excusa para regresar a Barranquilla, pero prometí al marcharme que con seguridad regresaría.

En las siguientes navidades regresé a Sahagún. Esta vez me presenté el mismo 24 de diciembre, y ya no me preocupé por donde iba a dormir, ni tampoco en como saludar a todos los miembros de la familia Arrieta. Cuando llegué, era como uno más de ellos, al que estaban esperando con la alegría del reencuentro de las navidades. Y volví a disfrutar del fandango y cada una de las parrandas, como lo había hecho el año anterior.

El 28 de diciembre, recuerdo que nos invitaron, a Sincelejo, a una parranda en casa de Vicente uno de los cuñados de Jorge. La juerga comenzó como a las seis de la tarde y desde el principio nos tenían amenazados con un sancocho. Pero las horas transcurrían y del sancocho nada. Eso si, botella de ron que se acababa, era repuesta inmediatamente por otra.

Cuando eran las diez de la noche ya yo tenía más filo que cuchillo de carnicero, pero el sancocho nada que aparecía. Me levanté disimuladamente y di una vuelta por los alrededores, hasta que encontré una tiendecita en la que armé mi propio sancocho de tienda: pedí y me comí con voracidad un pedazo de queso, dos panes y un par de yogures. Regresé a la parranda y seguí tomando. El hambre me volvió a atacar, y el sancocho nada que salía. Para esos momentos yo estaba que tiraba la toalla. Volví a la tiendecita y ya la habían cerrado. No me quedó más remedio que ponerle freno a la bebida.

El maestro aguja tocó la “parranda es pa’ amanecé al que se duerma lo trasquilamos…”, y alguien que se dio cuenta de que todos los que estábamos allí teníamos bigote, dijo: -hoy amanecemos y al que se duerma le volamos el bigote-. Enseguida, empezaron a hacer predicciones acerca de quien iba a ser el primero en caer e iba a perder su adorado bigote. Decidieron entonces posponer la servida del famoso sancocho, cosa que me pareció fatal, a fin de quitar un bigote rápidamente.

Como nunca había usado el bigote y por primera vez me lo estaba dejando crecer, pensé: -yo me voy a dormir porque no aguanto más y si me lo cortan me tiene sin cuidado-. Me metí en un cuarto y me dormí inmediatamente. Como a las cinco y media de la mañana me despertaron para darme por fin una totuma llena de sancocho y me llevaron un espejo para que me viera, mientras se reían de mí. Pero no pudieron disfrutarlo porque se dieron cuenta que a mi me importaba un carajo aquel cuasi bigote, que parecía más bien una paredilla llena de goleros. Salí a la puerta de la calle y vi como habían puesto, una junto a otra, todas las botellas bebidas. Era tal la cantidad botellas de ron, que éstas ocuparon todo el frente de la casa de Vicente.

Regresamos a Sahagún y allí nos esperaba un buen desayuno, que me supo a gloria y el almuerzo mucho mejor. La tarde la pasé durmiendo. Cuando estaba anocheciendo me despertó Jorge para comenzar la tanda de ese día, pero le dije que no pensaba tomar esa noche y que me pensaba quedar acostado el resto de la jornada. Me la montó de terror y me sacó de la hamaca. Esa noche había una fiesta en casa de las Ordosgoitia, pero primero íbamos a calentar motores en donde Carlitos Ortega.

En casa de Carlitos, conocí a sus hermanos recién venidos de Méjico, y nos sentamos a darle viaje a un garrafón de aguardiente y un par de bandejas de chicharrón. Al principio éramos seis, pero Carlitos se fue para Chinú, el pueblo en donde vivía su novia y actual esposa, Nohra Fadul, los otros dos se marcharon sin dar ninguna explicación especial. Nos quedamos, bebiéndonos el garrafón, su hermano Tarquino, que acababa de graduarse de medicina en Méjico, Jorge y yo. A eso de las diez de la noche oímos la bulla de la música de la fiesta en la que nos estaban esperando y propuse que nos fuéramos para allá, pero Jorge insistió en que nos termináramos primero la garrafa.

Como a la hora Jorge empezó a cabecear y la maldad se me vino a la cabeza, me dije a mi mismo que como se durmiera le iba a quitar el bigote. Nos pusieron otro plato de chicharrones con bollo de yuca, y Tarquino y yo estábamos pasmaos, porque bebíamos y el trago no nos hacía efecto, pero Jorge finalmente se quedó profundo. Entonces llamé a Toñito, el menor de los Ortega y le pedí una cuchilla de afeitar y un jabón. El niñito se presentó con la “prestobarba” más vieja y destartalada que pudo encontrar y un jabón de bola azul, de los que se usan para lavar la ropa, que con el agua gorda del pozo no daba ni mierda de espuma. Entre todos, comenzamos la ardua tarea de afeitar a Jorge. Tenía el bigote tan poblado y la cuchilla estaba en tan mal estado que solo alcanzamos a quitarle una punta del mismo, así que no insistimos más y le dejamos sin una cuarta parte del bigote.

Viendo que se hacía tarde desperté a Jorge y le dije que nos fuéramos para su casa, pero se despertó para pedir otro trago y finalizar hasta la última gota del garrafón de aguardiente. Después nos fuimos para la fiesta, pero allí duramos poco, porque ya éste no aguantaba más. Lo llevé a su casa y se acostó. Yo me fui a un catre y me empezó un ataque de risa. Cada vez me reía más duro, hasta que me preguntó Germán que de que me estaba riendo. Al comentarle lo del bigote me dijo: -prepárate porque, cuando ese man se despierte mañana, vas a ver lo que es bueno-. Al escuchar aquella advertencia, se acabo me acabó la risa, me quedé callado y al rato me dormí profundamente.

A la mañana siguiente, me despertaron unos gritos histéricos. Era Jorge que se acababa de ver en el espejo y veía como le había amanecido su bigote de más de cinco años. Me levanté y fui a desayunar y a afrontar las consecuencias de mi conducta. Lo encontré en la mesa y lo saludé, pero no me contestó. Sólo me miraba con ira. No pronunció una sola palabra mientras desayunábamos. Intuí que tenía que ser yo el que debía decir algo y le dije: -ayer te reías de mí y de mi bigote, ¿por qué no te ríes ahora?-. Jorge me contestó: porque anoche no habíamos apostado nada ¡no me joda!, y se quedó callado de nuevo. El resto de la mañana, se la pasó evitándome y yo, ni corto, ni perezoso, le dije: -si no me vas a hablar, entonces me voy para mi casa-. ¡Vete me contestó! No hay problema -le respondí-, busqué mis cosas y me despedí de su familia. Cuando ya estaba en la puerta su hermana Miriam me dijo: “chacho”, eres como el capitán araña, haces tu maldad y te vas. Como no tenía nada que decir al respecto, además de que ya me sentía lo suficientemente avergonzado con ellos, proseguí mi camino y regresé a Barranquilla. Tres meses más tarde, me llamó Jorge y me dijo que me perdonaba, pero que, como lo volviera a hacer, la próxima vez me mataba.

En las siguientes navidades Jorge no me invitó a su casa de Sahagún, pero Carlitos que para entonces vivía en Barranquilla, me dijo que me fuera para la suya, que era la única manera de arreglar el problema con Jorge. Aquello fue peor, porque Jorge se enojó conmigo porque estaba en otra casa y no en la de él. Y cuando le dije que Carlitos había tenido la decencia de invitarme, me respondió que yo era como de su familia, y que no necesitaba ninguna invitación. Y era verdad, porque no sólo me estaba esperando, sino que además me tenía una sorpresa, me había nombrado padrino de su primer hijo, bautizo que se celebró dos días después y que terminó con una parranda, como las de siempre, con mucho ron y comida. Ese día Jorge me dijo que en su casa siempre tendría una cama, que me trasladara para la suya, pero yo que también había hecho una gran amistad con Carlitos Ortega, no quise hacerle el desaire y permanecí en casa de Carlitos hasta que regresé a Barranquilla.

Hoy, cuando ya todos somos vikingos, casados y con hijos, recuerdo las navidades en Sahagún como algo especial, distinto a lo que siempre había estado acostumbrado a ver, pero que no se dará más. Y no se dará más, porque las épocas han cambiado. El fandango dejó de celebrarse después de que dos muchachos de esa calle murieron trágicamente en un accidente, al tiempo que Tulio Meléndez, hermano de Freddy, desapareció y apareció meses después en una fosa en medio del monte, ingresando las estadísticas de muertos y desaparecidos de nuestra querida Colombia. Y la misma familia Arrieta fue golpeada con la imprevista muerte de uno de sus integrantes.

De todas formas, Jorge, mi hermanazo del alma, es y seguirá por siempre siendo mi amigo, y su familia, siempre será como la mía. Además, hoy nos une el compadrazgo, ya que el también es padrino de mi primera hija.

Hace unos meses estuvo aquí en España, Germán Arrieta, y los pocos instantes que estuvo en Madrid, los pasó con mi familia, almorzó con nosotros e hizo una siesta de dos horas. Al verlo, abrazando y besando a todos, me hizo recordar las navidades que pasé en Sahagún. Mi hijo Jorge Eduardo, me preguntó en voz baja: -¿Papá, quién es ese señor?-, y yo le respondí, es uno de los miembros de mi familia de Sahagún.

sábado, 10 de febrero de 2007

Las monjitas de la caridad

Después de las lecciones de urbanidad que recibimos por parte de las negras vende bollos, nuestro vocabulario no fue el mismo. El mío, particularmente se deterioró. Puedo aseverar que, hasta el día en que le tiré el tote a la negra, nunca había escuchado una vulgaridad. Es más, inclusive después de ese hecho, decir “ajo” en mi casa significaba ser inmediatamente castigado. Igualmente, estoy seguro de que ninguno de los pelaos del barrio las utilizaba. Pero, la cosa poco a poco fue cambiando. Primero las decíamos entre chanza y chanza, y estas lentamente se arraigaron en nuestro lenguaje común.

Recuerdo que una tarde Pablo nos invitó a su casa, para escuchar una grabación que le había descubierto a su padre, se trataba de una canción: “La opera del mondongo”. Bastó con que la pusiera un par de veces, para que al rato ya me la supiera de memoria. Me senté en la puerta de su casa y comencé a cantarla: “El pato para volar las alas las encartucha, la mujer para cul...” y me pilló in fraganti Beatriz, su mamá. Me prendió por la manga de la camisa, me dijo que como era posible que de esa boca tan pequeña pudieran salir sapos y culebras y me llevó directo al lavamanos, en donde con jabón me hizo lavarme la boca. Era tanta mi vergüenza que duré un montón de días sin regresar a esa casa. Lo cierto es que las palabrotas fueron erradicadas temporalmente de mi uso diario. Sin embargo, a fuerza de escuchar a los demás, volví a utilizarlas.

La primera vez que escuché a mi padre decir una vulgaridad fue, una noche, durante un partido de fútbol celebrado en el estadio Romelio Martínez. El arbitro osó pitar un penalti en contra del Junior, y todo el estadio empezó a corear “hijueputa, hijueputa, hijueputa…”, yo estaba que me las pelaba por gritar, pero sabía el tigre que tenía al lado, hasta que de pronto mi viejo se unió al coro y a mi “no me tocó más remedio que unirme a aquel coro celestial”. Fue así como comprendí que, no sólo era yo el que las usaba, sino que todo el mundo lo hacía, hasta el punto de que llegó el momento de saludarse de cara de trola e hijueputa, se hizo tan común, que historias de duelos a muerte por mentadas de madres, parecen más bien leyendas. Vale recordar que, hasta mediados del siglo pasado, según he escuchado, la mamá se hacía respetar a si fuera a punta de balazos.

Hoy vivimos una vida más relajada y la vulgaridad campa a sus anchas, y hacemos gracia de su uso. Cuando mi amigo Rafael De la Valle tuvo su primer hijo, sus amigos nos encargamos de enseñarle al pequeño la mayor cantidad de vulgaridades posibles. El niño, que no debía tener más de tres años, resultó un buen aprendiz. En una ocasión la muchacha del servicio lo estaba molestando, y el pelao se quejó de “Ludi”; Rafa para quitarse al pelao de encima le dijo:-dile que te deje tranquilo porque si no le vas a enterrar la verga-. El pelao que siempre fue avispado, se dirigió a la muchacha y le dijo: -Ludi, como te sigas metiendo conmigo, “te voy a romper el jopo”-. Hasta la misma muchacha se rió de ver a aquel pequeñín pronunciar aquellas palabras, y aunque parezca mentira, el chico, hoy es un muchacho además de inteligente, serio y súper bien educado.

Respecto a mí, gracias a Dios y a la mujer con la que me casé, mis hijos me han salido juiciosos y educados. Es innegable que, a través de los años de matrimonio, he recibido un programa de reeducación total, que ha servido para que las vulgaridades desaparezcan prácticamente de mi casa. Hago hasta lo imposible porque mis hijos no las repitan. Pero, ¿con que cara los puedo regañar, si cuando voy en el carro, en más de una ocasión me han pillado mentándole la madre a alguno?

Ahora que vivo en Europa, muy lejos de mi tierra, me he dado cuenta que en Barranquilla no éramos tan vulgares. Basta con sentarse y ver la televisión, para comprender que los barranquilleros más bien parecemos unas monjitas de la caridad, y que el cura Hoyos, de quien algunos, por rivalidad política, decían sentirse horrorizados por su manera de expresarse, es la madre superior de la congregación. Digo esto, porque en España el lenguaje utilizado si que en verdad deja mucho que desear, y palabras como: culo, picha, trola -que realmente significa mentira-, o mentadas de madre. son de uso común, no sólo en la calle, sino en cualquier serie, concurso o noticiero de televisión. Como cuando decían que en “Guerra de estrellas” preguntaron. ¿Hombre que come hombre?, y la respuesta fue: “cacorro”, y el presentador del programa, que era un vikingo al que dicen que se le enchumbaba la canoa, manifestó: -¡No es, pero se vale!-.